martes, 10 de agosto de 2010

¿Qué es el desarrollo?

El ir y venir de preguntas me hacen cuestionarme la “cooperación al desarrollo”, y entre tanto me pregunto: “¿Qué es el desarrollo?”.

Tras leer autores como Arturo Escobar, Gustavo Esteba, Serge Latouche, A. Quijano, David Slater y Pramod Parajuli, observo que el concepto “desarrollo” es un término de azarosa definición, así pues, lo que sigue es una retahíla de ideas de diversos autores que intenta acercarnos a su comprensión.

Durante la segunda posguerra mundial se produce el descubrimiento de la pobreza masiva en Asia, África y Latinoamérica. Ante su problematización surge un régimen de discursos y prácticas para erradicarla, alimentados por la fábula de los tres mundos y la lucha por el desarrollo del tercero. Esto conlleva la reestructuración de la cultura y la economía política globales. En el transcurso de los Treinta Gloriosos (1945-1975) el desarrollo fue una gran empresa paternalista, “los países ricos desarrollan a los países más atrasados”. En este período Occidente conoció el “bienestar” de la sociedad del consumo, y mientras en los, mal llamados, países del Tercer Mundo, la nueva burguesía recogía las migajas del festín.

La economía de mercado entiende que los pobres son los carentes de aquello que los ricos tenían en términos de dinero y posesiones materiales, convirtiendo así a dos terceras partes de la población mundial en sujetos pobres debido a su renta per cápita.

Ante la “pobreza masiva” aparecen instituciones de asistencia que convierten a los pobres en asistidos, produciéndose así una ruptura de las relaciones tradicionales y el establecimiento de nuevos mecanismos de control. La consiguiente administración de la pobreza exigía una multiplicidad de intervenciones en educación, salud, higiene, moralidad, empleo, enseñanza de los buenos hábitos de asociación, ahorro, crianza de los hijos…

Si el problema era el ingreso insuficiente, la solución era el crecimiento económico y el desarrollo; convertidas éstas en verdades universales, pues la “desarrollalización” del Tercer Mundo era necesaria. Este discurso promueve el desarrollo acorde con las ideas y expectativas de Occidente y con aquello que juzgan como curso normal de evolución y progreso.

Después de la expansión de la descolonización, las Organizaciones Internacionales promocionan el discurso del desarrollo con la imagen del Tercer Mundo como la de un niño necesitado de la dirección adulta.

EEUU necesita expandir el mercado para sus productos y buscar sitios para invertir el excedente de capital, de ahí el Plan Marshall para Europa. Por otro lado necesitaba más materias primas de los países subdesarrollados económicamente, por lo que les exige que privilegien el capital privado y foráneo, y que para ello debe de haber un clima adecuado, es decir, el control del nacionalismo, de la izquierda, de la clase trabajadora y del campesinado, así llegarán al desarrollo capitalista. Además, este modelo supone combatir el comunismo.

¿Cómo el Desarrollo se convierte en discurso?

La premisa básica era la creencia del papel de la modernización sin importar el costo social, cultural y político. La industrialización y la urbanización eran rutas inevitables hacia la modernización. Parte del discurso preconizaba que sólo mediante el desarrollo material podría producirse el progreso social, cultural y político. Esto fundamentó la creencia de que la inversión de capital era fundamental para el crecimiento económico y el desarrollo; el avance era concebido en función del capital (doméstico y extranjero), las infraestructuras, la industrialización y la modernización.

Aquí podemos ver como empieza un gran proceso de mimetización de la cultura, la política e incluso de las sociedades de los países empobrecidos a imagen y semejanza de los enriquecidos, es decir, este proceso tiene un carácter imperialista.

En este desarrollo existían/en unos principios de autoridad, son instituciones como Naciones Unidas las que tienen autoridad moral, profesional y legal para nominar objetos (Objetivos del Milenio de NNUU) y definir estrategias con los organismos internacionales financieros.

El desarrollo era, y sigue siendo en gran parte, un enfoque de arriba abajo, etnocéntrico y tecnocrático que trata/ba a la gente y a las culturas como conceptos abstractos, como cifras estadísticas que se podían mover de un lado a otro en las gráficas del “progreso”. Así, el desarrollo concebido como un sistema de intervenciones técnicas aplicables más o menos universalmente con el objeto de lleva algunos bienes “indispensables” a una población “objetivo” se convierte en una fuerza destructiva para las culturas del “Tercer Mundo”.

El desarrollo es una construcción histórica que crea un espacio en el cual los países pobres son conocidos, definidos e intervenidos.

Cabe concluir en este punto que el desarrollo, como discurso, es una formación histórica real, pero articulada alrededor de una construcción artificial (“subdesarrollo”) y sobre una cierta materialidad (“subdesarrollo”) que deben ser conceptualizadas en forma distinta si se quiere cuestionar el discurso.

¿Qué se desarrolla?

Lo que se desarrolla es un patrón de poder o una sociedad. Derrotadas las demás opciones, el patrón de poder es hoy el capitalismo, y la sociedad es la capitalista.

El capitalismo es un patrón de dominación, explotación y conflicto articulado en torno del eje capital-trabajo mercantilizado, constituido desde hace más de 500 años en una estructura mundial de poder. Es la primera vez en la historia que se da un mismo y único orden mundial, homogeneizador, su única diferencia radica en el modo y nivel de ese patrón de poder. Es decir, en terminología convencional, se divide en países desarrollados (PD), países en vías de desarrollo (PvD) y países subdesarrollados (PsD).

Después de la Segunda Guerra Mundial hay una reconfiguración del poder capitalista mundial, se produce una des-concentración y re-distribución del control del poder, en particular, del trabajo, de las relaciones de producción y de la autoridad política. Éste proceso es resultado de las luchas por eliminar el colonialismo y por la aparición de nuevos Estados-nación. Así pues, aparece el desarrollo como virtual aspiración universal.

Se configura un imaginario capitalista en el cuál los desarrollados eran modernos, racionales y protestantes, mientras que los subdesarrollados eran tradicionales, no-protestantes, con racionalidad pre-moderna, si no primitivos. La sociedad capitalista se define en función del desarrollo económico: principio de ganancia, valor del dinero, mercado y sentido de la vida a través del trabajo y el consumo. Todo lo opuesto a la cultura / imaginario capitalista es visto como un obstáculo al desarrollo y debe de ser modernizado (si no eliminado).

El capitalismo configura un patrón de poder mundial cuyo mayor instrumento de dominación es la idea de “raza”, entendiendo por ésta las diferentes capacidades culturales e intelectuales que clasifican a unos como “superiores” y a otros como “inferiores”. A través del concepto de raza se articula el control del trabajo, la autoridad y la subjetividad en los países del Sur. Sobre la idea de raza se producen y distribuyen nuevas identidades sociales (negro, indio…) que son el eje de la distribución mundial de forma de dominación, explotación y conflicto sobre el trabajo. Además, produce nuevas identidades geoculturales (América, Europa, África..) distribuyendo así el control del poder político y cultural del planeta. Fue el colonialismo el que permitió la constitución de la idea de raza como instrumento universal de clasificación social básica; el patrón mundial de poder capitalista se constituyó en su carácter de colonial/moderno.

Con el fin del colonialismo, la relación colonial de dominación entre razas se desplazó de una institucionalidad (el colonialismo) a otra (países independientes y/o estados-nación), rearticulándose así a escala global, esto se denomina colonialidad del poder.

La colonialidad del poder es determinante en el proceso de eurocentramiento del poder capitalista mundial, o dicho de otro modo, de control de capital como relación social y de producción industrial. Este fue el que produjo una división radical entre Centro y Periferia del capital. En el Centro se concentra el desarrollo del capital y de la sociedad del capital, se configura el poder entre la burguesía y la clase asalariada y se establece el mercado como límite de las relaciones entre lo público y lo privado. Así se establece el eurocentrismo de la nueva racionalidad del nuevo orden mundial y su hegemonía.

Fue la clasificación racial del poder capitalista la que llevó al monopolio blanco/europeo de las relaciones de capitales/salario y de producción industrial.

Así con todo, el patrón de poder se configuró como un patrón de capitalismo mundial, eurocéntrico y colonial/moderno.

También debemos mencionar el componente de dependencia histórico-estructural de la colonialidad del poder en el capitalismo mundial, es decir, la configuración de poder en el capitalismo se funda en la comunidad de intereses entre el Centro del Centro y el Centro de la Periferia.

Ante la pregunta de ¿Qué se desarrolla? Debemos concluir que se desarrolla un patrón de poder y una sociedad, que son el patrón de poder capitalista y la sociedad capitalista con consecuencias múltiples; entre ellas, la homogeneización a casi todos los niveles de las diferentes regiones del mundo.

He aquí cuándo a uno le surgen las dudas sobre el desarrollo y lo que llamamos cooperación al desarrollo.

jueves, 22 de julio de 2010

El voluntario

En los países enriquecidos, de donde vengo, existe un número creciente de personas que busca algo más en su vida que la simple acumulación, que el “más es igual a mejor”. Hartos de que la economía sea el motor y el fin último de nuestras vidas, buscamos un alternativa al imperante sistema capitalista y a todos los “istas” que le siguen: economicista, imperialista, desarrollista…

Parece ser que el mundo de la cooperación al desarrollo atrae a un gran monto de éstos desamparados. Buscamos un aporte personal, algo que va más allá de lo económico. En las antípodas de este grupo encontramos a los profesionales de la cooperación, tecnócratas con sueldos astronómicos y alejados de la realidad en la que viven. Por otro lado, tenemos a una especie un tanto peculiar, los voluntarios, gente que dedica un tiempo de su vida, y parte de sus esfuerzos, tanto sentimentales como económicos, a un proyecto que no tendrá ninguna contrapartida económica. Si bien es cierto, los voluntarios no son párrocos voluntariosos y altruistas que nada buscan a cambio, pues bien sabedores son de que lo que les aportará la experiencia a nivel personal será mucho mayor que el pequeño grano de arena con el que ellos podran colaborar.

El voluntario, al coincidir con un grupo de personas en su misma situación se siente acompañado. En un momento dado mira a su alrededor, observa a sus compañeros de experiencia trabajar entre ocho y doce horas diarias, con energía y buen humor, y todo ello en busca de un mundo mejor, intentando ser coherentes con lo que creen y buscando la vía por la cual aportar el famoso granito de arena.

Irreverentes inconformistas, apasionados del ser humano y de la vida, rebeldes ante la injusticia, despiertos soñadores e idealistas se juntan con un mismo propósito. Se sientan en una mesa, y aunque ninguno tiene el valor suficiente para decírselo al otro, se asombran de la determinación de sus compañeros, de sus creencias y del coraje que los empujó a probar lo que en un momento fue un sueño y que tras un largo viaje se convirtió en un peregrinaje que busca la bendición de la llamada cooperación al desarrollo.

Parece que todo debe ser bonito, bondadoso y estupendo, pero el voluntario se cuestiona constantemente. Al levantarse intenta responder las mil preguntas del día anterior, y por cada respuesta, tres nuevas preguntas le vuelven a golpear. ¿Será perversa la cooperación al desarrollo?

viernes, 25 de junio de 2010

Cuando la muerte es evitable

Un día cualquiera te levantas, miras en el espejo a ver cuántas legañas te impiden todavía abrir los ojos y ver con claridad, y te dispones a realizar tus quehaceres cotidianos. Ese día te informan a primera hora de que una criatura de nueve meses ha fallecido, entonces te das cuenta de una nueva realidad. Al cabo de un mes otra noticia de igual calado te vuelve a golpear.

En Nicaragua, y según los datos de UNICEF para el 2008, la esperanza de vida al nacer es de 73 años, la tasa de mortalidad de menores de 5 años es de 27 por cada mil y la tasa de mortalidad infantil (menos de un año) es de 23 por cada mil; en España es de 4.21 muertes. En Nicaragua, con una población total de 5.667.000 habitantes y 140.000 nacimientos anuales en 2008, la muerte de menores de cinco años para el mismo año fue de 4.000 niños.

Detrás de todos estos números hay pequeños que nunca podrán hacer nada por cambiar esta realidad. Es aquí, en La Prusia, mi actual hogar, dónde he sido consciente de la crueldad de esta realidad. Han fallecido 2 bebés de menos de un año en menos de dos meses, ambas muertes han sido fruto de la ignorancia, de unas condiciones poco saludables para una criatura y por la intervención de los mal llamados curanderos, pues estos no curan nada. Y lo peor, aquí esto es un hecho que se vive con suma normalidad.

Obviamente una pésima educación, especialmente nefasta en el ámbito sanitario, la marginación que sufre este barrio chabolista por parte de la administración pública, ya sea en recogida de basura o en la prestación de un servicio de salud público y totalmente gratuito son también los causantes. Llevamos cuatro semanas en las que el médico o la enfermera, funcionarios ambos, no asoman el hocico por la clínica que la ONG ha construido, ya que la administración pública fue incapaz de hacerlo por sí misma. ¿Debe sorprendernos que el 40% de las muertes infantiles en Nicaragua vengan provocadas por la diarrea?

Naciones Unidas, en su web sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio (OMD), declara: “La muerte de un niño es una pérdida trágica. Sin embargo, todos los años mueren casi 11 millones de niños, (es decir, 30.000 niños al día) antes de cumplir 5 años de edad”. Ante esta barbaridad se responde con el cuarto ODM, el cual plantea reducir en dos terceras partes la tasa de mortalidad de niños menores de 5 años para el año 2015. En Nicaragua, se estima que en 2010 se reduzca a 26, y la meta para el 2015 es disminuirla a 24 muertes por cada mil niños nacidos vivos en el mismo año.

¿Cómo nos podemos plantear como objetivo reducir en dos terceras partes la mortalidad de menores de 5 años? ¿Esto quiere decir que aceptamos como razonable la muerte de 3,6 millones de niños al año? Yo desde luego no, y menos aún cuando casi todas estas son muerte evitables. Me planteo que clase de mediocres representantes tenemos que no se marcan la erradicación como objetivo. ¿Cuán estúpidos, egoístas e individualistas somos todos los que vivimos en una realidad alejada de esta problemática? ¿Qué nos pasa que vivimos tan adormecidos? ¿Qué nos pasa a los que vivimos en los países enriquecidos que no nos preocupa que aquellos que han sido empobrecidos para nuestro beneficio sufran la muerte de los más pequeños? ¿Por qué somos tan poco empáticos?

Está bien, a los que estamos al otro lado de la línea no nos importa lo que le suceda a esos diminutos hombres y mujeres, pero ¿y a los que están dentro del mismo círculo? No sé si lo que expongo a continuación es la verdad, pero si es lo que yo siento y veo. Hay asociaciones nicaragüenses que luchan porque estas cosas cambien, así como organizaciones extranjeras e incluso enfermeras que se desviven con “Clubes de las embarazadas”, pero la sensación es que impera una despreocupación y un desinterés total por lo que le pueda pasar al otro, incluso si el otro es un bebé. Y más aún, tienen un gobierno, que se hace llamar revolucionario que no hace nada por cambiar esto. Un gobierno en el que la gente tiene que seguir pagando sus medicinas en la Sanidad Pública, algo inaccesible para muchos. Un gobierno que no provee, tal y como está obligado a hacer, la alimentación de los niños en la escuela, un gobierno que no se preocupa por su gente, aunque ese sea su eslogan, un gobierno que permite la evitable muerte de los pequeños y de los que no lo son tanto. Cuando escucho “revolucionario” me vienen a la cabeza palabras como educación, sanidad y viviendas públicas, buena alimentación… todavía no he visto la revolución.

Creo que no puedo cerrar esta entrada sin hacer justicia con todos aquellos que desde dentro del círculo y desde fuera de éste se preocupan, se esfuerzan y son sensibles para con los problemas de los demás, y especialmente cuándo los demás son los niños.

Una vez más aclaro que ésta no tiene porque ser la verdad, pero si es mi verdad.