martes, 12 de octubre de 2010

La perversión: neoliberalismo, libre mercado, FMI, BM, OMC

En el transcurso del viaje vas aprendiendo el significado de palabras tan repetidas como neoliberalismo, capitalismo, libre mercado, desarrollo, primer y tercer mundo, comercio justo… Si bien es cierto que era conocedor de lo que estas palabras significan, no era realmente consciente o sensible a lo que éstas traen consigo. Pues ahora sé que destrucción cultural, humana y medioambiental, sangre, muerte, injusticia, empobrecimiento, desnutrición y analfabetismo, entre otras, van intrínsecamente ligadas a las anteriores.

Quizás el siguiente pueda parecer un discurso tremendista y alejado de toda realidad, pero yo lo siento muy próximo a ésta realidad, a la centroamericana.

En las últimas décadas hemos llamado desde los países enriquecidos y nuestras organizaciones internacionales, mal conocidos como primer mundo, a la instauración total y absoluta del neoliberalismo a nivel planetario. Rápidamente, por neoliberalismo se entiende que el libre mercado capitalista es el mejor garante del equilibrio institucional y del crecimiento económico de un país, salvo los fallos de mercado. Para éste el intervencionismo estatal en materia social o en la economía es contraproducente.

Así pues, en aras del neoliberalismo, el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), auspiciados por nuestros gobiernos, los enriquecidos, dieron una serie de directrices a los gobiernos de los países empobrecidos para entrar de lleno en el que sería su salvoconducto al Primer Mundo, su entrada al modernismo y al desarrollo, éste era y es el Neoliberalismo.

Las “recomendaciones” dadas por éstos organismos internacionales fueron la privatización, casi absoluta, de todo aquello que estaba en manos del estado, lo público. Así se hizo, se privatizaron total o parcialmente los servicios públicos como educación, sanidad, telecomunicaciones, fuentes de energía, agua, transporte… El resultado, la clase económicamente dominante internacional, las Transnacionales (TNC’s), se adueñan de dichos servicios y pasan a controlar (in)directamente a los gobiernos, las políticas de éstos y a sus ciudadanos. La población ve menguados sus derechos, se somete a la sobreexplotación, a la insuficiencia de recursos económicos para satisfacer las necesidades básicas y a un estado que no le puede asistir en éste caso, pues el libre mercado dice que esto es contraproducente.

El neoliberalismo y las recomendaciones de sus organismos internacionales no se quedan aquí, pues otra vez, en aras del desarrollo, llaman a la retirada de todo tipo de aranceles, que abran las puertas de sus mercados de par en par a los productos de los países enriquecidos/industrializados. No sé si eso de por sí es malo, pero sí sé que es malo cuándo se produce en condiciones desiguales. Nosotros, los países enriquecidos, firmamos acuerdos con los empobrecidos, acuerdos de libre mercado (Tratado de Libre Mercado (TLC) de EEUU con América Latina, o los Acuerdos Bilaterales de la UE con los países de América Latina) que permiten que inundemos sus mercados con nuestros productos elaborados y soberanamente subvencionados, y que nos permite importar con precios muy favorables sus materias primeras, las que nosotros transformaremos y les volveremos a vender a un precio elevadísimo. ¿Por qué no transforman ellos sus materias primas, véase el café, y nos los venden como productos elaborados a un mayor precio, permitiéndole esto además tener toda una industria de transformación que ayudaría a crear muchísimos puestos de trabajo y a unas relaciones comerciales más justas? Pues simple y llanamente porque nosotros somos los amos del mundo, nosotros imponemos el neoliberalismo, pero lo diseñamos para que nos sea favorable y se perpetúe el actual sistema. Por ejemplo, la UE puede vender el excedente de leche producido por las vacas europeas, subvencionadas éstas con un euro diario cada una, es decir, más de lo que tiene la mayoría de la población nicaragüense para pasar un día. Vendemos ésta leche a los mercados de los países empobrecidos por debajo del precio de coste de los productores locales de leche y lo que obliga a éstos a sacrificar a sus animales y dedicarse a la mendicidad, pues no puede competir (véase documental “La poderosa agricultura europea”). Obviamente, los gobiernos de los países empobrecidos importadores de leche no pueden poner aranceles, pues tienen que cumplir con las reglas del neoliberalismo, y pobre de ellos que se atrevan, entonces les retiramos la AOD (Ayuda Oficial al Desarrollo) y les creamos un caos brutal, pues la dependencia producida por ésta es tal que se convierte en vital, o les imponemos sanciones vía nuestros organismos internacionales.

Ahora veamos cómo funciona en la otra dirección, es decir, la exportación de los productos de los países empobrecidos a los países enriquecidos. Pondré el ejemplo de una cooperativa de café de México, ésta vende su café como materia prima a los intermediarios o a las TNC’s a un precio relativamente bajo, éstas transforman el producto en sus fábricas europeas o norteamericanas y venden el producto a un precio mucho más elevado, pues éste ha sido transformado. Lo venden en sus mercados nacionales y también en los mercados de los países empobrecidos, es decir, el café ya transformado y empaquetado entra al mercado mexicano con un precio elevadísimo. La cooperativa de café mexicana podría hacer una inversión y crear su propia fábrica para transformar, empaquetar el café y venderlo a mejor precio en la UE o EEUU, pero nuestras políticas neoliberales dicen que si transforman o empaquetan el café se les impondrá un arancel (hasta del 11%) que les hará que sea imposible realizar este proceso. Esto tiene lógica, hemos de proteger nuestra industria, nuestros puestos de trabajo, y ellos han de desproteger los suyos.

Esta lógica neoliberal condena a los países empobrecidos a perpetuarse por los siglos de los siglos como productores de materias primas, y por ende, a perpetuar la pobreza económica que sufren sus poblaciones, la desnutrición, el analfabetismo y la muerte. Frente a éstos se encuentran los países enriquecidos, que se benefician de la perversa lógica neoliberal, de los bajos costes de las materias primas, de los beneficios de la industria transformadora y del triunfo del capitalismo, es decir, de lo individuo frente a lo común.

Para acabar con una nota positiva, existen pequeñas alternativas al sistema y alternativas dentro del sistema para poder sobrevivir a esto, una de ellas es el Comercio Justo, que lejos de ser la solución de todos los males, es un paliativo muy importante y que está cambiando para mejor la vida de muchos en los países empobrecidos.

jueves, 23 de septiembre de 2010

La infancia perdida

Buceando por nutrinet.org, una red abierta creada por el Programa Mundial de Alimentos(PMA) de las Naciones Unidas, que trabaja en apoyo a la lucha contra el hambre y la desnutrición infantil en América Latina y el Caribe, podemos encontrar declaraciones como las siguientes:

- “El Programa Integral de Nutrición Escolar (PINE), que impulsa el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional a través del Ministerio de Educación (MINED) de Nicaragua, fue seleccionado por la Organización de las Naciones Unidas para Agricultura y la Alimentación (FAO) entre los cuatro mejores del mundo. De acuerdo a Amelia Tiffer, directora del PINE-MINED, esta distinción es porque el PINE cumple con los cuatro aspectos que contempla la Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN), como son: la distribución de alimentación, implementación de los Huertos Escolares, inclusión de la SAN en el currículo y la participación de la comunidad en el programa”.

- “El MINED ha dado prioridad a la nutrición de nuestra niñez…se debe hacer énfasis en la nutrición de los menores, dado que de ella depende su desarrollo físico e intelectual…”, dijo Tiffer. Además se contemplan recomendaciones básicas en cuanto a la parte organizativa, higiene y manipulación de los alimentos.

- “El oficial encargado de los programas de alimentación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO-Roma), José Valls, catalogó de “impresionante” el PINE por tratar de integrar el tema de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN) en el sistema educativo a nivel nacional.”, afirmó el especialista.

La merienda escolar contempla arroz, frijoles, aceite, cereal fortificado y leche.

Pues bien, no quisiera ser destructor, y soy consciente de que los cambios son lentos, pero ¿cómo es posible que un organismo como Naciones Unidas catalogue al PINED de Nicaragua como uno de los cuatro mejores programas de nutrición escolar del mundo? ¿Por qué me pregunto esto? La respuesta es fácil, trabajé de abril a agosto en la escuela de La Prusia, un barrio a las afueras de Granada, una de las principales ciudades de Nicaragua. En todo ese período no se recibió ni un solo grano de arroz, siendo ésta una escuela beneficiaria, ciertamente antes si que había existido tal distribución de alimentos.


Tiffer, una funcionaria seguramente muy comprometida y concienciada dice que cumple con la distribución de alimentación, implementación de los Huertos Escolares, inclusión de la SAN en el currículo y la participación de la comunidad en el programa, yo digo que en la escuela de La Prusia esto es mentira, mentira, mentira y más mentira. Pues ninguna de estas acciones se lleva a cabo con regularidad. Si el de Nicaragua es uno de los mejores programas, no quisiera saber cómo funcionan los peores.


El tema de la higiene en la escuela es escandaloso, cada día he tenido que observar que sí que se cumple estupendamente, los niños con machetes cortan las malas hierbas y las niñas con la fregona limpian las letrinas, luego escurren con sus manos dicha fregona, e inmediatamente, sin saber siquiera que es el jabón, se disponen a degustar con sus manos un “delicioso y nutritivo” desayuno, galletas con vainilla, que la ONG de turno proporciona, pues el Estado y los Organismos Internacionales son incapaces de hacerlo, aunque luego declaren lo contrario.


Quizás en mis palabras se pueda sentir una cierta ira, pero es inevitable, si no apostamos por los pequeños, nada cambiará. Estoy harto de ver como en Centroamérica los menores trabajan de lustrabotas, campesinos, vendedores ambulantes de caramelos, tabaco, medicinas, flores, fruta, agua, jugos… o en el peor de los casos, ver como niños que todavía están en la etapa infantil son víctimas del pegamento, mendigos o explotados por algún adulto que hace tiempo perdió todo síntoma de humanidad.


Algo malo pasa, el individualismo triunfante del capitalismo actual nos ha privado de la capacidad de ser empáticos. Impávidos ante la desgracia de los demás, especialmente de los niños, y por ende de la humanidad, nos paseamos por las calles de Centroamérica, lugareños o foráneos, mirando hacia otro lado, o vivimos (in)conscientes de ésta realidad en nuestras confortables ciudades europeas o norteamericanas, dónde nuestros niños tienen el privilegio de disfrutar de la infancia y del proceso de aprendizaje escolar.


¿Cómo se gestionan los programas de Naciones Unidas, de la Ayuda Oficial al Desarrollo de los estados occidentales o las múltiples acciones de las organizaciones no gubernamentales? ¿Por qué no son eficientes? ¿En qué parte del camino se pierden los recursos?


Lo que más me llama la atención, lo que soy incapaz de comprender, ¿Por qué vivimos la inmensa mayoría de espaldas a ésta realidad? Y ¿Por qué la gente que convive a diario con la explotación infantil lo vive con tanta normalidad?


El otro día, en un mantel de una cafetería de San Cristóbal de las Casas, leímos una frase del uruguayo Mario Benedetti que decía así: “Cuándo creía que tenía todas las respuestas, de repente cambiaron todas las preguntas”.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Pulso al Estado

Las maras, puro miedo.

Parece ser que en El Salvador no está claro quien ostenta el poder legal de ejercer la fuerza como medida de coerción. El poder legislativo del país está en manos de la Asamblea Nacional, ésta legisla, entra en vigor una ley que criminaliza la pertenencia a las maras y la venta de armamento a éstas.

Hasta aquí todo parece normal, el legislador legisla y los cuerpos de seguridad y todo el aparato administrativo deben hacer que dichas leyes se cumplan. Pues bien, en El Salvador, la cosa no es así.

Las maras atemorizan a la población y quién sabe si también al Estado con las represalias a partir del mismo día de la entrada en vigor de la ley en cuestión. Se advierte a los medios de transporte que dejen de funcionar o serán quemados y acribillados, éste es sólo el primer paso. Se amenaza a comerciantes y se decreta un paro de 72 horas impuesto por las maras.

Yo creí que la cosa no iría tan en serio, incluso muchos “guanacos” lo pensaron. Pero el día llega y los autobuses no salen, sólo algunos valientes/locos, las escuelas se quedan vacías por el miedo de los padres, los mercados insólitamente están cerrados al igual que las tiendas en respuesta a las amenazas recibidas, en fin, el país parece pararse. Si bien es cierto, muchos valientes no se dejan amedrentar por las maras, se las ingenian y salen a trabajar.

El pueblo está harto y cansado de sentir el miedo en lo más profundo de su ser. Están hartos de asesinatos, de extorsiones, de violencia, de no poder vivir una vida plena y tranquila; mientras las maras continúan quemando autobuses vacíos o no, eso no importa, asesinando a plena luz del día y en medio de cualquier plaza, baleando al autobusero que se niega a pagar lo que le exigen…y ahora encima paralizan a un país en el que muchos no se pueden permitir un día sin trabajar, pues de éste depende el llenar o no el estómago de los suyos.

Ante esto, el legislador responde con una ley antiterrorista/antimara, llenando las calles de militares y policías, pero únicamente con una ley este problema no se acabará, se deben de atacar las causas, quizás la pobreza económica, cultural y la injusticia social sea el origen y el inicio del fin.

El duro pueblo de El Salvador vive, o mejor dicho, sobrevive en la cultura del miedo.