sábado, 28 de agosto de 2010

Golpeada Honduras.

Sentado en la mesa de un bar, agarro mi cerveza con la mano derecha y fijo mi mirada en la pantalla del televisor. Están repitiendo las imágenes de los maestros en huelga fuertemente reprimidos por la policía, curiosamente éstos llevan inscrito en sus camisetas y camionetas el siguiente eslogan: “para servirles y protegerles”. ¿Y quién los protege de la policía?

Al ver esto me viene a la cabeza nuestra visita de hoy al COFADDEH (Comité de Familias de Detenidos Desaparecidos en Honduras). Noemí Pérez, una de las fundadoras, nos cuenta su experiencia personal y la de la organización. El hermano de Noemí desaparece allá por el 1982, cuando las dictaduras reinaban por Latinoamérica y en plena aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional, o lo que es lo mismo, en plena aplicación de secuestros, desapariciones, torturas y asesinatos de todos aquellos que “delinquían”. ¿Por qué pongo delinquían entre comillas? Pues bien, porque curiosamente para muchos el pensar diferente no es ni será delito.

Noemí tan solo tenía 14 años cuándo la realidad de la desaparición de su hermano, un joven líder de movimientos estudiantiles, le golpeó. Desde entonces, está luchando por que se haga justicia y porque la verdad se haga pública. Ésta desaparición provocó el desmembramiento de su familia, pues algunos miembros optaron por dejar de buscar, por las consecuencias que para ellos podía tener. Sin embargo, Noemí y su madre buscaron a su hermano día y noche, y en la actualidad Noemí sigue buscando. Su mamá ya no puede seguir buscando, pues como dice su hija: “murió de pena moral”.

Éste es solo un ejemplo de cómo la Doctrina de Seguridad Nacional, impulsada por el gobierno de EEUU para alejar el comunismo de su “patio trasero” y las dictaduras de los setentas y ochentas afectaron a la vida de muchas personas.

Lo peor, tal y como nos cuenta Noemí, es que ahora se vuelve a repetir la historia, pero según ella es mucho peor que en los ochentas. Michelleti, de la burguesía catracha, da un golpe de estado a Zelaya, pues este plantea crear una constituyente y reformar la Constitución, aunque parece ser que el objetivo no era poder volverse a presentar tal y como nos cuentan, sino establecer un sueldo mínimo de 5000 lempiras, estudios totalmente gratuitos, el ALBA… Noemí nos cuenta convencida que lo del sueldo mínimo es el detonante, pues las transnacionales, los empresarios y los medios de comunicación están totalmente en contra. El golpe de estado conlleva otra vez, represión, desapariciones, torturas, secuestros y asesinatos; solo a modo de ejemplo, desde el golpe de estado han sido asesinados treinta periodistas, ayer el último.

Independientemente de cuáles sean los verdaderos motivos, la verdad es que se da un golpe de estado. Otra verdad, es que el nuevo presidente ha sido elegido con una abstención del 65% de los llamados a votar. ¿Saben cómo se logra este abstencionismo? El mismo día del golpe de Estado, que los ciudadanos estaban llamados a votar la cuarta urna para decidir sobre la constituyente, se forma el Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP). El FNRP aglutina a la sociedad civil catracha, desde sindicatos a organizaciones que luchan por los derechos de los homosexuales.

Pues bien, este frente se organiza y se moviliza para concienciar sobre la importancia de no legitimar al nuevo gobierno y se llama al abstencionismo. Hoy en día siguen luchando juntos, y ahora son más ambiciosos, quieren reformar la Constitución y refundar el estado de Honduras.

Suerte compañeros.

martes, 10 de agosto de 2010

¿Qué es el desarrollo?

El ir y venir de preguntas me hacen cuestionarme la “cooperación al desarrollo”, y entre tanto me pregunto: “¿Qué es el desarrollo?”.

Tras leer autores como Arturo Escobar, Gustavo Esteba, Serge Latouche, A. Quijano, David Slater y Pramod Parajuli, observo que el concepto “desarrollo” es un término de azarosa definición, así pues, lo que sigue es una retahíla de ideas de diversos autores que intenta acercarnos a su comprensión.

Durante la segunda posguerra mundial se produce el descubrimiento de la pobreza masiva en Asia, África y Latinoamérica. Ante su problematización surge un régimen de discursos y prácticas para erradicarla, alimentados por la fábula de los tres mundos y la lucha por el desarrollo del tercero. Esto conlleva la reestructuración de la cultura y la economía política globales. En el transcurso de los Treinta Gloriosos (1945-1975) el desarrollo fue una gran empresa paternalista, “los países ricos desarrollan a los países más atrasados”. En este período Occidente conoció el “bienestar” de la sociedad del consumo, y mientras en los, mal llamados, países del Tercer Mundo, la nueva burguesía recogía las migajas del festín.

La economía de mercado entiende que los pobres son los carentes de aquello que los ricos tenían en términos de dinero y posesiones materiales, convirtiendo así a dos terceras partes de la población mundial en sujetos pobres debido a su renta per cápita.

Ante la “pobreza masiva” aparecen instituciones de asistencia que convierten a los pobres en asistidos, produciéndose así una ruptura de las relaciones tradicionales y el establecimiento de nuevos mecanismos de control. La consiguiente administración de la pobreza exigía una multiplicidad de intervenciones en educación, salud, higiene, moralidad, empleo, enseñanza de los buenos hábitos de asociación, ahorro, crianza de los hijos…

Si el problema era el ingreso insuficiente, la solución era el crecimiento económico y el desarrollo; convertidas éstas en verdades universales, pues la “desarrollalización” del Tercer Mundo era necesaria. Este discurso promueve el desarrollo acorde con las ideas y expectativas de Occidente y con aquello que juzgan como curso normal de evolución y progreso.

Después de la expansión de la descolonización, las Organizaciones Internacionales promocionan el discurso del desarrollo con la imagen del Tercer Mundo como la de un niño necesitado de la dirección adulta.

EEUU necesita expandir el mercado para sus productos y buscar sitios para invertir el excedente de capital, de ahí el Plan Marshall para Europa. Por otro lado necesitaba más materias primas de los países subdesarrollados económicamente, por lo que les exige que privilegien el capital privado y foráneo, y que para ello debe de haber un clima adecuado, es decir, el control del nacionalismo, de la izquierda, de la clase trabajadora y del campesinado, así llegarán al desarrollo capitalista. Además, este modelo supone combatir el comunismo.

¿Cómo el Desarrollo se convierte en discurso?

La premisa básica era la creencia del papel de la modernización sin importar el costo social, cultural y político. La industrialización y la urbanización eran rutas inevitables hacia la modernización. Parte del discurso preconizaba que sólo mediante el desarrollo material podría producirse el progreso social, cultural y político. Esto fundamentó la creencia de que la inversión de capital era fundamental para el crecimiento económico y el desarrollo; el avance era concebido en función del capital (doméstico y extranjero), las infraestructuras, la industrialización y la modernización.

Aquí podemos ver como empieza un gran proceso de mimetización de la cultura, la política e incluso de las sociedades de los países empobrecidos a imagen y semejanza de los enriquecidos, es decir, este proceso tiene un carácter imperialista.

En este desarrollo existían/en unos principios de autoridad, son instituciones como Naciones Unidas las que tienen autoridad moral, profesional y legal para nominar objetos (Objetivos del Milenio de NNUU) y definir estrategias con los organismos internacionales financieros.

El desarrollo era, y sigue siendo en gran parte, un enfoque de arriba abajo, etnocéntrico y tecnocrático que trata/ba a la gente y a las culturas como conceptos abstractos, como cifras estadísticas que se podían mover de un lado a otro en las gráficas del “progreso”. Así, el desarrollo concebido como un sistema de intervenciones técnicas aplicables más o menos universalmente con el objeto de lleva algunos bienes “indispensables” a una población “objetivo” se convierte en una fuerza destructiva para las culturas del “Tercer Mundo”.

El desarrollo es una construcción histórica que crea un espacio en el cual los países pobres son conocidos, definidos e intervenidos.

Cabe concluir en este punto que el desarrollo, como discurso, es una formación histórica real, pero articulada alrededor de una construcción artificial (“subdesarrollo”) y sobre una cierta materialidad (“subdesarrollo”) que deben ser conceptualizadas en forma distinta si se quiere cuestionar el discurso.

¿Qué se desarrolla?

Lo que se desarrolla es un patrón de poder o una sociedad. Derrotadas las demás opciones, el patrón de poder es hoy el capitalismo, y la sociedad es la capitalista.

El capitalismo es un patrón de dominación, explotación y conflicto articulado en torno del eje capital-trabajo mercantilizado, constituido desde hace más de 500 años en una estructura mundial de poder. Es la primera vez en la historia que se da un mismo y único orden mundial, homogeneizador, su única diferencia radica en el modo y nivel de ese patrón de poder. Es decir, en terminología convencional, se divide en países desarrollados (PD), países en vías de desarrollo (PvD) y países subdesarrollados (PsD).

Después de la Segunda Guerra Mundial hay una reconfiguración del poder capitalista mundial, se produce una des-concentración y re-distribución del control del poder, en particular, del trabajo, de las relaciones de producción y de la autoridad política. Éste proceso es resultado de las luchas por eliminar el colonialismo y por la aparición de nuevos Estados-nación. Así pues, aparece el desarrollo como virtual aspiración universal.

Se configura un imaginario capitalista en el cuál los desarrollados eran modernos, racionales y protestantes, mientras que los subdesarrollados eran tradicionales, no-protestantes, con racionalidad pre-moderna, si no primitivos. La sociedad capitalista se define en función del desarrollo económico: principio de ganancia, valor del dinero, mercado y sentido de la vida a través del trabajo y el consumo. Todo lo opuesto a la cultura / imaginario capitalista es visto como un obstáculo al desarrollo y debe de ser modernizado (si no eliminado).

El capitalismo configura un patrón de poder mundial cuyo mayor instrumento de dominación es la idea de “raza”, entendiendo por ésta las diferentes capacidades culturales e intelectuales que clasifican a unos como “superiores” y a otros como “inferiores”. A través del concepto de raza se articula el control del trabajo, la autoridad y la subjetividad en los países del Sur. Sobre la idea de raza se producen y distribuyen nuevas identidades sociales (negro, indio…) que son el eje de la distribución mundial de forma de dominación, explotación y conflicto sobre el trabajo. Además, produce nuevas identidades geoculturales (América, Europa, África..) distribuyendo así el control del poder político y cultural del planeta. Fue el colonialismo el que permitió la constitución de la idea de raza como instrumento universal de clasificación social básica; el patrón mundial de poder capitalista se constituyó en su carácter de colonial/moderno.

Con el fin del colonialismo, la relación colonial de dominación entre razas se desplazó de una institucionalidad (el colonialismo) a otra (países independientes y/o estados-nación), rearticulándose así a escala global, esto se denomina colonialidad del poder.

La colonialidad del poder es determinante en el proceso de eurocentramiento del poder capitalista mundial, o dicho de otro modo, de control de capital como relación social y de producción industrial. Este fue el que produjo una división radical entre Centro y Periferia del capital. En el Centro se concentra el desarrollo del capital y de la sociedad del capital, se configura el poder entre la burguesía y la clase asalariada y se establece el mercado como límite de las relaciones entre lo público y lo privado. Así se establece el eurocentrismo de la nueva racionalidad del nuevo orden mundial y su hegemonía.

Fue la clasificación racial del poder capitalista la que llevó al monopolio blanco/europeo de las relaciones de capitales/salario y de producción industrial.

Así con todo, el patrón de poder se configuró como un patrón de capitalismo mundial, eurocéntrico y colonial/moderno.

También debemos mencionar el componente de dependencia histórico-estructural de la colonialidad del poder en el capitalismo mundial, es decir, la configuración de poder en el capitalismo se funda en la comunidad de intereses entre el Centro del Centro y el Centro de la Periferia.

Ante la pregunta de ¿Qué se desarrolla? Debemos concluir que se desarrolla un patrón de poder y una sociedad, que son el patrón de poder capitalista y la sociedad capitalista con consecuencias múltiples; entre ellas, la homogeneización a casi todos los niveles de las diferentes regiones del mundo.

He aquí cuándo a uno le surgen las dudas sobre el desarrollo y lo que llamamos cooperación al desarrollo.

jueves, 22 de julio de 2010

El voluntario

En los países enriquecidos, de donde vengo, existe un número creciente de personas que busca algo más en su vida que la simple acumulación, que el “más es igual a mejor”. Hartos de que la economía sea el motor y el fin último de nuestras vidas, buscamos un alternativa al imperante sistema capitalista y a todos los “istas” que le siguen: economicista, imperialista, desarrollista…

Parece ser que el mundo de la cooperación al desarrollo atrae a un gran monto de éstos desamparados. Buscamos un aporte personal, algo que va más allá de lo económico. En las antípodas de este grupo encontramos a los profesionales de la cooperación, tecnócratas con sueldos astronómicos y alejados de la realidad en la que viven. Por otro lado, tenemos a una especie un tanto peculiar, los voluntarios, gente que dedica un tiempo de su vida, y parte de sus esfuerzos, tanto sentimentales como económicos, a un proyecto que no tendrá ninguna contrapartida económica. Si bien es cierto, los voluntarios no son párrocos voluntariosos y altruistas que nada buscan a cambio, pues bien sabedores son de que lo que les aportará la experiencia a nivel personal será mucho mayor que el pequeño grano de arena con el que ellos podran colaborar.

El voluntario, al coincidir con un grupo de personas en su misma situación se siente acompañado. En un momento dado mira a su alrededor, observa a sus compañeros de experiencia trabajar entre ocho y doce horas diarias, con energía y buen humor, y todo ello en busca de un mundo mejor, intentando ser coherentes con lo que creen y buscando la vía por la cual aportar el famoso granito de arena.

Irreverentes inconformistas, apasionados del ser humano y de la vida, rebeldes ante la injusticia, despiertos soñadores e idealistas se juntan con un mismo propósito. Se sientan en una mesa, y aunque ninguno tiene el valor suficiente para decírselo al otro, se asombran de la determinación de sus compañeros, de sus creencias y del coraje que los empujó a probar lo que en un momento fue un sueño y que tras un largo viaje se convirtió en un peregrinaje que busca la bendición de la llamada cooperación al desarrollo.

Parece que todo debe ser bonito, bondadoso y estupendo, pero el voluntario se cuestiona constantemente. Al levantarse intenta responder las mil preguntas del día anterior, y por cada respuesta, tres nuevas preguntas le vuelven a golpear. ¿Será perversa la cooperación al desarrollo?