jueves, 23 de septiembre de 2010

La infancia perdida

Buceando por nutrinet.org, una red abierta creada por el Programa Mundial de Alimentos(PMA) de las Naciones Unidas, que trabaja en apoyo a la lucha contra el hambre y la desnutrición infantil en América Latina y el Caribe, podemos encontrar declaraciones como las siguientes:

- “El Programa Integral de Nutrición Escolar (PINE), que impulsa el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional a través del Ministerio de Educación (MINED) de Nicaragua, fue seleccionado por la Organización de las Naciones Unidas para Agricultura y la Alimentación (FAO) entre los cuatro mejores del mundo. De acuerdo a Amelia Tiffer, directora del PINE-MINED, esta distinción es porque el PINE cumple con los cuatro aspectos que contempla la Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN), como son: la distribución de alimentación, implementación de los Huertos Escolares, inclusión de la SAN en el currículo y la participación de la comunidad en el programa”.

- “El MINED ha dado prioridad a la nutrición de nuestra niñez…se debe hacer énfasis en la nutrición de los menores, dado que de ella depende su desarrollo físico e intelectual…”, dijo Tiffer. Además se contemplan recomendaciones básicas en cuanto a la parte organizativa, higiene y manipulación de los alimentos.

- “El oficial encargado de los programas de alimentación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO-Roma), José Valls, catalogó de “impresionante” el PINE por tratar de integrar el tema de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN) en el sistema educativo a nivel nacional.”, afirmó el especialista.

La merienda escolar contempla arroz, frijoles, aceite, cereal fortificado y leche.

Pues bien, no quisiera ser destructor, y soy consciente de que los cambios son lentos, pero ¿cómo es posible que un organismo como Naciones Unidas catalogue al PINED de Nicaragua como uno de los cuatro mejores programas de nutrición escolar del mundo? ¿Por qué me pregunto esto? La respuesta es fácil, trabajé de abril a agosto en la escuela de La Prusia, un barrio a las afueras de Granada, una de las principales ciudades de Nicaragua. En todo ese período no se recibió ni un solo grano de arroz, siendo ésta una escuela beneficiaria, ciertamente antes si que había existido tal distribución de alimentos.


Tiffer, una funcionaria seguramente muy comprometida y concienciada dice que cumple con la distribución de alimentación, implementación de los Huertos Escolares, inclusión de la SAN en el currículo y la participación de la comunidad en el programa, yo digo que en la escuela de La Prusia esto es mentira, mentira, mentira y más mentira. Pues ninguna de estas acciones se lleva a cabo con regularidad. Si el de Nicaragua es uno de los mejores programas, no quisiera saber cómo funcionan los peores.


El tema de la higiene en la escuela es escandaloso, cada día he tenido que observar que sí que se cumple estupendamente, los niños con machetes cortan las malas hierbas y las niñas con la fregona limpian las letrinas, luego escurren con sus manos dicha fregona, e inmediatamente, sin saber siquiera que es el jabón, se disponen a degustar con sus manos un “delicioso y nutritivo” desayuno, galletas con vainilla, que la ONG de turno proporciona, pues el Estado y los Organismos Internacionales son incapaces de hacerlo, aunque luego declaren lo contrario.


Quizás en mis palabras se pueda sentir una cierta ira, pero es inevitable, si no apostamos por los pequeños, nada cambiará. Estoy harto de ver como en Centroamérica los menores trabajan de lustrabotas, campesinos, vendedores ambulantes de caramelos, tabaco, medicinas, flores, fruta, agua, jugos… o en el peor de los casos, ver como niños que todavía están en la etapa infantil son víctimas del pegamento, mendigos o explotados por algún adulto que hace tiempo perdió todo síntoma de humanidad.


Algo malo pasa, el individualismo triunfante del capitalismo actual nos ha privado de la capacidad de ser empáticos. Impávidos ante la desgracia de los demás, especialmente de los niños, y por ende de la humanidad, nos paseamos por las calles de Centroamérica, lugareños o foráneos, mirando hacia otro lado, o vivimos (in)conscientes de ésta realidad en nuestras confortables ciudades europeas o norteamericanas, dónde nuestros niños tienen el privilegio de disfrutar de la infancia y del proceso de aprendizaje escolar.


¿Cómo se gestionan los programas de Naciones Unidas, de la Ayuda Oficial al Desarrollo de los estados occidentales o las múltiples acciones de las organizaciones no gubernamentales? ¿Por qué no son eficientes? ¿En qué parte del camino se pierden los recursos?


Lo que más me llama la atención, lo que soy incapaz de comprender, ¿Por qué vivimos la inmensa mayoría de espaldas a ésta realidad? Y ¿Por qué la gente que convive a diario con la explotación infantil lo vive con tanta normalidad?


El otro día, en un mantel de una cafetería de San Cristóbal de las Casas, leímos una frase del uruguayo Mario Benedetti que decía así: “Cuándo creía que tenía todas las respuestas, de repente cambiaron todas las preguntas”.

domingo, 12 de septiembre de 2010

Pulso al Estado

Las maras, puro miedo.

Parece ser que en El Salvador no está claro quien ostenta el poder legal de ejercer la fuerza como medida de coerción. El poder legislativo del país está en manos de la Asamblea Nacional, ésta legisla, entra en vigor una ley que criminaliza la pertenencia a las maras y la venta de armamento a éstas.

Hasta aquí todo parece normal, el legislador legisla y los cuerpos de seguridad y todo el aparato administrativo deben hacer que dichas leyes se cumplan. Pues bien, en El Salvador, la cosa no es así.

Las maras atemorizan a la población y quién sabe si también al Estado con las represalias a partir del mismo día de la entrada en vigor de la ley en cuestión. Se advierte a los medios de transporte que dejen de funcionar o serán quemados y acribillados, éste es sólo el primer paso. Se amenaza a comerciantes y se decreta un paro de 72 horas impuesto por las maras.

Yo creí que la cosa no iría tan en serio, incluso muchos “guanacos” lo pensaron. Pero el día llega y los autobuses no salen, sólo algunos valientes/locos, las escuelas se quedan vacías por el miedo de los padres, los mercados insólitamente están cerrados al igual que las tiendas en respuesta a las amenazas recibidas, en fin, el país parece pararse. Si bien es cierto, muchos valientes no se dejan amedrentar por las maras, se las ingenian y salen a trabajar.

El pueblo está harto y cansado de sentir el miedo en lo más profundo de su ser. Están hartos de asesinatos, de extorsiones, de violencia, de no poder vivir una vida plena y tranquila; mientras las maras continúan quemando autobuses vacíos o no, eso no importa, asesinando a plena luz del día y en medio de cualquier plaza, baleando al autobusero que se niega a pagar lo que le exigen…y ahora encima paralizan a un país en el que muchos no se pueden permitir un día sin trabajar, pues de éste depende el llenar o no el estómago de los suyos.

Ante esto, el legislador responde con una ley antiterrorista/antimara, llenando las calles de militares y policías, pero únicamente con una ley este problema no se acabará, se deben de atacar las causas, quizás la pobreza económica, cultural y la injusticia social sea el origen y el inicio del fin.

El duro pueblo de El Salvador vive, o mejor dicho, sobrevive en la cultura del miedo.

sábado, 11 de septiembre de 2010

ECONOMÍA SOCIAL

Felipe Tobar es un amante de la tierra, un agricultor que ejerce de presidente de la Fundación por el Cooperativismo y el Desarrollo Comunal de El Salvador (CORDES). Felipe luchó por la libertad de este maravilloso país, sobrevivió a la matanza de Sumpul, donde perdió a veinticuatro familiares, y fue uno de los líderes de la repoblación/fundación de la villa de San José de las Flores. Y lo mejor, Felipe es un ser humano capaz de perdonar a todos aquellos que sembraron de sangre y sufrimiento a éste país y a su familia, a cambio sólo pide la verdad.

Felipe nos habla de ideas nuevas para nosotros, de alternativas al sistema neoliberal, ideas que nos asombran a la par que nos crean una ilusión brutal. Palabras como economía social, desarrollo autogestionado, empresa social, comunidad, días comunales o fondo social irán retumbando en nuestras cabezas durante los siguientes días.

Miguel Mejía, uno de los fundadores de la Asociación de Comunidades Rurales para el Desarrollo de El Salvador (CRIPDES) sigue alimentando nuestra ilusión con la historia del proceso de repoblación de los pueblos, de su organización comunal y solidaria. Miguel nos consigue un coche y nos lleva hasta la primera comunidad repoblada del país con civiles que se habían ido a vivir a las montañas.

Llegamos a San José de las Flores y allí empezamos a entender y a palpar qué son todas aquellas palabras bonitas de las que nos había hablado Felipe Tobar a través de dos miembros de la Asociación Comunal San José de las Flores, José Rolando y “Chepe”. Ellos y más tarde, el presidente de la Asociación, Emilio, nos lo aclaran todo.

San José de las Flores fue repoblado por los civiles que habían vivido en las montañas huyendo de la guerra. Conforme a su experiencia comunal organizarán el pueblo. Se crea la Asociación Comunal en respuesta a las necesidades de la comunidad, para adquirir personalidad jurídica crearán la Cooperativa. Ésta comprará tierras y trabajará la agricultura y la ganadería. El principal objetivo es producción local para consumo local. Ante las necesidades, las mujeres, que serán las más emprendedoras de la comunidad, empiezan a crear negocios: sastrería, panadería, comedor comunal, supermercado, serigrafía, artesanía, granja de pollos y gallinas, banco de mujeres y farmacia. Todos estos negocios quedan bajo la organización de las mujeres, éstas aportan cada mes un 1% de beneficio de sus negocios para temas sociales de la comunidad.

Por otro lado tenemos el complejo turístico que se acaba de terminar, en éste, al igual que en las iniciativas de las mujeres, se aplica la economía solidaria. En este caso, el 7% del beneficio se destina a un Fondo Social. El origen de este fondo son las carencias que pasan las personas de la tercera edad, así pues, con dichos ingresos se pretende que a éstas personas no les falte de nada: alimentos, medicinas… Antes, eran problemas solventados por la cooperación internacional.

Éstas son empresas sociales dentro de un sistema al que califican como economía social, pues no busca el puro lucro, sino va más allá, se prioriza al ser humano por encima del dólar. Los proyectos son autogestionados y autosustentables, exceptuando el de turismo que empieza y al cual también está ligado una piscifactoría con el fin de poder aportar pescado a su comunidad.

En San José de las Flores la cosa no se queda aquí, frente a la emigración por cuestiones económicas, la Asociación Comunal da tierras, de la cooperativa o que compra a través de la ayuda económica de organismos no gubernamentales, a los jóvenes que inician un proyecto de vida en pareja ante la imposibilidad económica de éstos de comprarla, para que construyan su vivienda. Uno se pregunta ¿qué hay detrás de esto, qué buscan? Y la respuesta es clara, en contrapartida se le pide a los jóvenes que se impliquen en los Días Sociales o Comunales. Éstos, al estilo de los sábados rojos cubanos, consisten en un día a la semana, al mes o según la necesidad, la comunidad por ejemplo se reúne y va a trabajar reparando el tejado con goteras de un anciano que no puede arreglarlo ni pagar su arreglo. ¿Increíble, no? Pues es cierto. En estos días no solo se implican los miembros de la Asociación Comunal, sino la villa “entera”. Lo que se busca, a diferencia del individualismo capitalista, es la conciencia de comunidad.

Hay una Asamblea General de la Asociación Comunal para la toma de decisiones importantes, luego para temas menores está la Asociación Cooperativa que toma decisiones en el ámbito de la agricultura y la ganadería, y la Organización de Mujeres que toman las decisiones relacionadas con sus empresas sociales de las mujeres. Por otro lado, cada mes se reúnen todos, ponen en común los problemas, las necesidades y se sugieren soluciones.

Esta organización comunal da que pensar.