domingo, 24 de octubre de 2010

Comercio Justo: un simple cambio de hábitos de consumo puede cambiar la vida de los productores

A través de SETEM-Catalunya y su cooperante, Gabi, en Chiapas, México, nos ponemos en contacto con la mesa directiva de la cooperativa de productores de café Majomut y allí empezamos a descubrir cómo funciona esto del Comercio Justo.

Para poder entrar al juego del Comercio Justo es necesario cumplir unos requisitos que marca FLO, “Fairtrade Labelling Organizations International”, o lo que es lo mismo, la organización internacional que coordina el sellado de Comercio Justo.

FLO establece los criterios para poder participar en el comercio justo, tanto para el proceso de producción como para la posterior comercialización (importación y exportación), es decir, criterios a productores y a comerciantes.

Los criterios básicos establecen:

- Sólo será Comercio Justo aquel que sea realizado por pequeños productores que deben formar parte de una organización, normalmente una cooperativa.

- Se debe pagar a los productores un precio mínimo que cubra los costes de una producción sostenible, conocido como Precio Mínimo de Comercio Justo. Un ejemplo de esto, se establece en 25$ el precio mínimo del quintal de café, si en Wall Street el precio cae debido a la oferta y la demanda a 20$, el productor seguirá recibiendo 25$ y si sube, a 30$, éste percibirá 30$.

- Se paga una suma adicional que los productores podrán invertir en proyectos de desarrollo, ésta es la Prima de Comercio Justo.

- Pagar un anticipo financiero (de hasta un 60%) cuando los productores así lo soliciten.

- Firmar contratos que permitan una planificación a largo plazo y unas prácticas de producción sostenibles.

Majomut es una cooperativa de productores de café que agrupa a 953 familias de pequeños productores. Antes de organizarse, estas familias vendían su grano de café a los intermediarios, conocidos como coyotes. Éstos abusan de su posición pagando un precio injusto al agricultor. En 1992 Majomut decide reorientarse hacia la producción de café orgánico y solicitan a FLO la entrada en el juego de Comercio Justo.

Majomut, cumpliendo con los requisitos del FLO, tiene una estructura asamblearia para la toma de decisiones estructurales, ésta a su vez elige una mesa directiva, campesinos miembros de la cooperativa, que es el equipo técnico/operativo. Es una organización totalmente democrática.

Majomut para poder vender sin la necesidad de los coyotes, crea junto a otras tres cooperativas, un departamento de ventas que se encargará de colocar el producto en el mercado internacional. Con anterioridad deben de haber conseguido el sello de FLO que certifica que es de Comercio Justo, para ello se debe pagar la certificación.

La cooperativa paga a los caficultores/as según el precio de mercado, eso sí, siempre cumpliendo con el precio mínimo de Comercio Justo. En el caso del café, el productor recibe, además del precio por cada quintal de café, una prima de Comercio Justo, ésta consiste en 10 dólares por saco de café siendo éste orgánico, que van directamente al agricultor, y 10 dólares más por ser de Comercio Justo. Con estos últimos diez dólares, la cooperativa impulsa proyectos de desarrollo comunitario. En el caso de Mojamut se ha creado un microbanco campesino, y se están iniciando proyectos de cooperativas de mujeres y de fomento de la autosuficiencia alimentaria, además de la formación a los caficultores/as para mejorar su producción.

Ciertamente, el Comercio Justo en muchas ocasiones nos parece muy caro, pero tiene varios motivos. El primero es que son productos de alta calidad, el segundo es que pagamos un precio justo al caficultor/a por su trabajo y el tercero es que apoyamos que con el dinero de la prima se desarrolle la comunidad de dónde proviene el producto.

Por eso, es más que necesario y sumamente importante cambiar nuestros hábitos de consumo, pues si compramos café de Comercio Justo producido por una cooperativa como Mojamut apoyamos la dignidad laboral y apostamos por la mejora de las condiciones de vida de los producotres/as, pues al percibir una relación justa de comercio, éstos podrán mejorar las condiciones de sus hogares, enviar a sus hijos a la escuela, mejorar su alimentación y fomentar y apoyar la mejora de su comunidad.

Últimamente se cuestiona mucho el Comercio Justo, especialmente desde que en él entró la compañía Starbucks. Tanto desde la cooperativa de caficultores/as, y participantes del Comercio Justo, del Comité de Campesinos del Altiplano (Guatemala), como desde el de Majomut (México) se niegan a venderle a éste gigante. Motivos: a parte de la historia de este gigante explotador de caficultores/as y de los intentos de patentar semillas en Etiopía, aducen, entre otros, la falta de relación justa entre la compañía y sus trabajadores.

Así pues, la entrada de la compañía Starbucks al Comercio Justo deslegitima a éste, pero ¿por qué entonces FLO les da el certificado? La respuesta, dinero. El sellado/certificado del volumen de café que mueve Starbucks supone mucho dinero a FLO.

FLO se creó con un objetivo de justicia, pero parece haberse alejado de sus orígenes, quizás sea hora de parar y replantearse por dónde quieren seguir, ¿cantidad o calidad?

El Comercio Justo, lejos de ser una alternativa al sistema, es una vía de escapatoria muy necesaria, así pues, empecemos a consumir con conciencia.

¿Por qué es importante apoyar al Comercio Justo?

1. Conecta a los productores más desfavorecidos con los consumidores y promueve la “justicia comercial”.

2. Establece precios mínimos que intentan cubrir los costes de producción sostenible.

3. A través del precio mínimo y de las primas, tanto la orgánica como la de comercio justo, ayudan a mejorar la calidad de sus vidas y les permite invertir en su futuro.

4. Pretende combatir la pobreza en los países empobrecidos.

5. Favorece el asociacionismo, su estructura democrática y transparente.

6. Incentiva la agricultura y las prácticas de producción que sean medioambientalmente sostenibles y la producción orgánica.

En definitiva, está destinado a corregir el desequilibrio de poder en las relaciones comerciales, la inestabilidad de los mercados y las injusticias del comercio convencional. A sensibilizar a los consumidores occidentales sobre el poder de su acción cotidiana y a caminar hacia la justicia social universal.

Consume responsablemente.

martes, 12 de octubre de 2010

La perversión: neoliberalismo, libre mercado, FMI, BM, OMC

En el transcurso del viaje vas aprendiendo el significado de palabras tan repetidas como neoliberalismo, capitalismo, libre mercado, desarrollo, primer y tercer mundo, comercio justo… Si bien es cierto que era conocedor de lo que estas palabras significan, no era realmente consciente o sensible a lo que éstas traen consigo. Pues ahora sé que destrucción cultural, humana y medioambiental, sangre, muerte, injusticia, empobrecimiento, desnutrición y analfabetismo, entre otras, van intrínsecamente ligadas a las anteriores.

Quizás el siguiente pueda parecer un discurso tremendista y alejado de toda realidad, pero yo lo siento muy próximo a ésta realidad, a la centroamericana.

En las últimas décadas hemos llamado desde los países enriquecidos y nuestras organizaciones internacionales, mal conocidos como primer mundo, a la instauración total y absoluta del neoliberalismo a nivel planetario. Rápidamente, por neoliberalismo se entiende que el libre mercado capitalista es el mejor garante del equilibrio institucional y del crecimiento económico de un país, salvo los fallos de mercado. Para éste el intervencionismo estatal en materia social o en la economía es contraproducente.

Así pues, en aras del neoliberalismo, el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio (OMC), auspiciados por nuestros gobiernos, los enriquecidos, dieron una serie de directrices a los gobiernos de los países empobrecidos para entrar de lleno en el que sería su salvoconducto al Primer Mundo, su entrada al modernismo y al desarrollo, éste era y es el Neoliberalismo.

Las “recomendaciones” dadas por éstos organismos internacionales fueron la privatización, casi absoluta, de todo aquello que estaba en manos del estado, lo público. Así se hizo, se privatizaron total o parcialmente los servicios públicos como educación, sanidad, telecomunicaciones, fuentes de energía, agua, transporte… El resultado, la clase económicamente dominante internacional, las Transnacionales (TNC’s), se adueñan de dichos servicios y pasan a controlar (in)directamente a los gobiernos, las políticas de éstos y a sus ciudadanos. La población ve menguados sus derechos, se somete a la sobreexplotación, a la insuficiencia de recursos económicos para satisfacer las necesidades básicas y a un estado que no le puede asistir en éste caso, pues el libre mercado dice que esto es contraproducente.

El neoliberalismo y las recomendaciones de sus organismos internacionales no se quedan aquí, pues otra vez, en aras del desarrollo, llaman a la retirada de todo tipo de aranceles, que abran las puertas de sus mercados de par en par a los productos de los países enriquecidos/industrializados. No sé si eso de por sí es malo, pero sí sé que es malo cuándo se produce en condiciones desiguales. Nosotros, los países enriquecidos, firmamos acuerdos con los empobrecidos, acuerdos de libre mercado (Tratado de Libre Mercado (TLC) de EEUU con América Latina, o los Acuerdos Bilaterales de la UE con los países de América Latina) que permiten que inundemos sus mercados con nuestros productos elaborados y soberanamente subvencionados, y que nos permite importar con precios muy favorables sus materias primeras, las que nosotros transformaremos y les volveremos a vender a un precio elevadísimo. ¿Por qué no transforman ellos sus materias primas, véase el café, y nos los venden como productos elaborados a un mayor precio, permitiéndole esto además tener toda una industria de transformación que ayudaría a crear muchísimos puestos de trabajo y a unas relaciones comerciales más justas? Pues simple y llanamente porque nosotros somos los amos del mundo, nosotros imponemos el neoliberalismo, pero lo diseñamos para que nos sea favorable y se perpetúe el actual sistema. Por ejemplo, la UE puede vender el excedente de leche producido por las vacas europeas, subvencionadas éstas con un euro diario cada una, es decir, más de lo que tiene la mayoría de la población nicaragüense para pasar un día. Vendemos ésta leche a los mercados de los países empobrecidos por debajo del precio de coste de los productores locales de leche y lo que obliga a éstos a sacrificar a sus animales y dedicarse a la mendicidad, pues no puede competir (véase documental “La poderosa agricultura europea”). Obviamente, los gobiernos de los países empobrecidos importadores de leche no pueden poner aranceles, pues tienen que cumplir con las reglas del neoliberalismo, y pobre de ellos que se atrevan, entonces les retiramos la AOD (Ayuda Oficial al Desarrollo) y les creamos un caos brutal, pues la dependencia producida por ésta es tal que se convierte en vital, o les imponemos sanciones vía nuestros organismos internacionales.

Ahora veamos cómo funciona en la otra dirección, es decir, la exportación de los productos de los países empobrecidos a los países enriquecidos. Pondré el ejemplo de una cooperativa de café de México, ésta vende su café como materia prima a los intermediarios o a las TNC’s a un precio relativamente bajo, éstas transforman el producto en sus fábricas europeas o norteamericanas y venden el producto a un precio mucho más elevado, pues éste ha sido transformado. Lo venden en sus mercados nacionales y también en los mercados de los países empobrecidos, es decir, el café ya transformado y empaquetado entra al mercado mexicano con un precio elevadísimo. La cooperativa de café mexicana podría hacer una inversión y crear su propia fábrica para transformar, empaquetar el café y venderlo a mejor precio en la UE o EEUU, pero nuestras políticas neoliberales dicen que si transforman o empaquetan el café se les impondrá un arancel (hasta del 11%) que les hará que sea imposible realizar este proceso. Esto tiene lógica, hemos de proteger nuestra industria, nuestros puestos de trabajo, y ellos han de desproteger los suyos.

Esta lógica neoliberal condena a los países empobrecidos a perpetuarse por los siglos de los siglos como productores de materias primas, y por ende, a perpetuar la pobreza económica que sufren sus poblaciones, la desnutrición, el analfabetismo y la muerte. Frente a éstos se encuentran los países enriquecidos, que se benefician de la perversa lógica neoliberal, de los bajos costes de las materias primas, de los beneficios de la industria transformadora y del triunfo del capitalismo, es decir, de lo individuo frente a lo común.

Para acabar con una nota positiva, existen pequeñas alternativas al sistema y alternativas dentro del sistema para poder sobrevivir a esto, una de ellas es el Comercio Justo, que lejos de ser la solución de todos los males, es un paliativo muy importante y que está cambiando para mejor la vida de muchos en los países empobrecidos.

jueves, 23 de septiembre de 2010

La infancia perdida

Buceando por nutrinet.org, una red abierta creada por el Programa Mundial de Alimentos(PMA) de las Naciones Unidas, que trabaja en apoyo a la lucha contra el hambre y la desnutrición infantil en América Latina y el Caribe, podemos encontrar declaraciones como las siguientes:

- “El Programa Integral de Nutrición Escolar (PINE), que impulsa el Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional a través del Ministerio de Educación (MINED) de Nicaragua, fue seleccionado por la Organización de las Naciones Unidas para Agricultura y la Alimentación (FAO) entre los cuatro mejores del mundo. De acuerdo a Amelia Tiffer, directora del PINE-MINED, esta distinción es porque el PINE cumple con los cuatro aspectos que contempla la Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN), como son: la distribución de alimentación, implementación de los Huertos Escolares, inclusión de la SAN en el currículo y la participación de la comunidad en el programa”.

- “El MINED ha dado prioridad a la nutrición de nuestra niñez…se debe hacer énfasis en la nutrición de los menores, dado que de ella depende su desarrollo físico e intelectual…”, dijo Tiffer. Además se contemplan recomendaciones básicas en cuanto a la parte organizativa, higiene y manipulación de los alimentos.

- “El oficial encargado de los programas de alimentación de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO-Roma), José Valls, catalogó de “impresionante” el PINE por tratar de integrar el tema de Seguridad Alimentaria y Nutricional (SAN) en el sistema educativo a nivel nacional.”, afirmó el especialista.

La merienda escolar contempla arroz, frijoles, aceite, cereal fortificado y leche.

Pues bien, no quisiera ser destructor, y soy consciente de que los cambios son lentos, pero ¿cómo es posible que un organismo como Naciones Unidas catalogue al PINED de Nicaragua como uno de los cuatro mejores programas de nutrición escolar del mundo? ¿Por qué me pregunto esto? La respuesta es fácil, trabajé de abril a agosto en la escuela de La Prusia, un barrio a las afueras de Granada, una de las principales ciudades de Nicaragua. En todo ese período no se recibió ni un solo grano de arroz, siendo ésta una escuela beneficiaria, ciertamente antes si que había existido tal distribución de alimentos.


Tiffer, una funcionaria seguramente muy comprometida y concienciada dice que cumple con la distribución de alimentación, implementación de los Huertos Escolares, inclusión de la SAN en el currículo y la participación de la comunidad en el programa, yo digo que en la escuela de La Prusia esto es mentira, mentira, mentira y más mentira. Pues ninguna de estas acciones se lleva a cabo con regularidad. Si el de Nicaragua es uno de los mejores programas, no quisiera saber cómo funcionan los peores.


El tema de la higiene en la escuela es escandaloso, cada día he tenido que observar que sí que se cumple estupendamente, los niños con machetes cortan las malas hierbas y las niñas con la fregona limpian las letrinas, luego escurren con sus manos dicha fregona, e inmediatamente, sin saber siquiera que es el jabón, se disponen a degustar con sus manos un “delicioso y nutritivo” desayuno, galletas con vainilla, que la ONG de turno proporciona, pues el Estado y los Organismos Internacionales son incapaces de hacerlo, aunque luego declaren lo contrario.


Quizás en mis palabras se pueda sentir una cierta ira, pero es inevitable, si no apostamos por los pequeños, nada cambiará. Estoy harto de ver como en Centroamérica los menores trabajan de lustrabotas, campesinos, vendedores ambulantes de caramelos, tabaco, medicinas, flores, fruta, agua, jugos… o en el peor de los casos, ver como niños que todavía están en la etapa infantil son víctimas del pegamento, mendigos o explotados por algún adulto que hace tiempo perdió todo síntoma de humanidad.


Algo malo pasa, el individualismo triunfante del capitalismo actual nos ha privado de la capacidad de ser empáticos. Impávidos ante la desgracia de los demás, especialmente de los niños, y por ende de la humanidad, nos paseamos por las calles de Centroamérica, lugareños o foráneos, mirando hacia otro lado, o vivimos (in)conscientes de ésta realidad en nuestras confortables ciudades europeas o norteamericanas, dónde nuestros niños tienen el privilegio de disfrutar de la infancia y del proceso de aprendizaje escolar.


¿Cómo se gestionan los programas de Naciones Unidas, de la Ayuda Oficial al Desarrollo de los estados occidentales o las múltiples acciones de las organizaciones no gubernamentales? ¿Por qué no son eficientes? ¿En qué parte del camino se pierden los recursos?


Lo que más me llama la atención, lo que soy incapaz de comprender, ¿Por qué vivimos la inmensa mayoría de espaldas a ésta realidad? Y ¿Por qué la gente que convive a diario con la explotación infantil lo vive con tanta normalidad?


El otro día, en un mantel de una cafetería de San Cristóbal de las Casas, leímos una frase del uruguayo Mario Benedetti que decía así: “Cuándo creía que tenía todas las respuestas, de repente cambiaron todas las preguntas”.